La caída o el hundimiento

Temblaba el suelo a su paso. La coordinadora tamaño king size paseaba entre los islotes de puestos escudriñando a los teleoperadores. Su mirada desalmada pretendía infundir terror y sin embargo sólo mostraba aires de superioridad sin fundamentos. Hizo una segunda y una tercera ronda generando temblores en las mesas. En el último giro, chocó con una esquina redondeada de uno de los puestos. Molesta por el choque, gimió cual Godzilla retirándose a su trono.

Las llamadas continuaban y los trabajadores no paraban de tramitar averías, altas, bajas, subrogaciones, consultas… Alguno estaba apunto de desgañitarse en medio de la algarabía.

Los minutos seguían sucediéndose en los relojes.

Desde su trono, de vez en cuando, alzaba su cabeza oteando para comprobar si podía hacer acto de presencia en algún puesto mostrando su habitual chulería.

Cansada de no poder mostrar su posición dominante se levantó, tratando sin éxito, pasar correctamente entre los puestos. El suelo vibraba sin ser un terremoto.

Miró a su al rededor fingiendo una sonrisa mientras decía que era viernes. Los teleoperadores seguían con su labor.

El tiempo continuó trascurriendo imparable, y algunos trabajadores fueron marchándose al acabar su jornada.

La coordinadora pasó por entre varios islotes de puestos enredándose con unos cables. El suelo sufrió el impacto de tan gran coordinadora, crujiendo alguna baldosa; el resto tembló a su al rededor. El terremoto expandió su ola llegando hasta ambos extremos del call center. Los trabajadores miraron asustados, y cuando localizaron el foco del temblor nadie se preocupó. Desde los puestos altos la caída es más fuerte.

La grandiosa coordinadora no conseguía levantarse. No merecía ayuda alguna.

La gente se fue marchando, hasta quedar sola en el suelo como un tronco derribado. Sólo se levantaría sola si perdía aquello que le sobraba.

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El placer del call center

A medida que pasaban los minutos, el call center iba vaciándose. El volumen de llamadas también descendía, como todas las tardes. Pero aún quedaban varias tareas pendientes de realizar.

La tarde avanzó lentamente hasta el punto en el que quedaban dos personas. Nadie más les acompañaba. Se miraron sonriendo.

En una de las mesas de los coordinadores había un taco de hojas para enviar por fax o por correo. Ambos se acercaron a por el taco de hojas y fueron separando por el método de envío. Él le pasaba las hojas mientras ella las mandaba en el fax. Poco a poco fueron desapareciendo de las manos masculinas, mientras los cuerpos se iban juntando un poco más.

La última hoja hizo acto de presencia, tras pasar por el fax fue depositada en la mesa. Ambos se miraron sonriendo. Miraron la sala, los puestos de trabajo se situaba en islotes de a cuatro. Él suavemente la empujó hacia uno de los islotes de puestos, apartó la silla y le dio la vuelta para verla cara a cara. Acercó sus labios a los de ella mientras posaba sus manos en el pantalón. Mientras bajaba la cremallera del ajustado vaquero; su lengua jugaba en la femenina boca. Sus masculinos dedos se deslizaron bajo las bragas de encaje. Acarició los labios y el clítoris, notando la creciente humedad. La temperatura iba en aumento.

Le bajó raudo los pantalones y las bragas. Mientras se iba agachando, sus manos palpaban los tersos muslos de su compañera. Una vez abajo, le quitó los zapatos y la ropa. Se levantó cogiéndola en volandas y la sentó en el hueco de la mesa. Echaron para atrás el teléfono. Él la abrió de piernas y cogiendo la silla se sentó mientras bajaba su altura. Cuando la puso a la adecuada, comenzó a lamer despacio los labios carnosos de la sonrosada natura. Primero el de un lado; por dentro y por fuera, varias veces. Después el del otro lado. Varias veces con el anverso y el reverso de la lengua de arriba a bajo. Mordisqueó leve el pequeño clítoris. Sus masculinos labios atrapaban la femínea porción carnosa del placer a la par que lo succionaba. Lo soltó para notar en su lengua el nivel de humedad. Rozó leve la entrada, y ella sus piró con profundidad. Introdujo la punta de la lengua en la caliente vagina mientras temblaban las piernas de la propietaria. La terminó de introducir sintiendo el sabor salado de los jugos femeninos. Fue sacando y metiendo la lengua mientras los gemidos iban en aumento.

De pronto la sacó y con rapidez comenzó a lamer el creciente y palpitante clítoris a la par que uno de sus dedos jugaba en la cálida vagina. Los gemidos iban en aumento, su espalda se arqueaba a la par que los muslos iban tensándose. La respiración se agitaba cada vez más. Él aumentó un poco más el ritmo de su lengua, hasta que un gemido profundo emergió de la garganta femenina. Se miraron sonrientes.

Ella se incorporó mientras observaba la entrepierna tersa y orgullosa que se escondía tras la ropa. Con sus rodillas empujó leve el cuerpo de él hacia atrás, separándolo de la mesa. Bajó mordiendo la cremallera; con las manos apartó la ropa interior. Ahí se alzaba, duro, sonrosado, grande. Ocupaba toda su boca. Lo introducía y lo sacaba, lo lamía y lo succionaba. Ahora le tocaba a él. Con intensidad lo devoraba cual león con su presa; pero él la apartó y con un gemido quejumbroso dijo ¡No! ¿Qué querrá hacer? Se preguntó ella mientras le miraba. Él le sonrió con picardía. Se subió los calzoncillos y el pantalón mientras se dirigía a la mesa de las coordinadoras.

Apartó un poco uno de los ordenadores y quitó de la redondeada esquina de la mesa los papeles de las firmas de los empleados. Hizo un gesto con uno de sus dedos indicándola que fuese; ella se acercó. Mientras juntaban sus labios, él la cogió en volandas a la par que se caía la ropa de él. La tumbó sobre la mesa de las coordinadoras y la penetró despacio. Entraba y salía por completo, introducía sólo la punta, la sacaba y acariciaba con su duro miembro el clítoris. Se introdujo en ella y besándola desabrochó la blusa. Sus manos acariciaban los senos. Poco a poco fue aumentando el ritmo, los gemidos se confundían hasta que los de ella fueron más fuertes. Entonces el paró. Incorporándola mientras salía de la empapada abertura palpitante. Bajándola de la mesa, le dio la vuelta apoyándola sobre la misma. Una de las coordinadoras se había dejado justo lo que él necesitaba. El neceser femenino se hallaba a los pies del ordenador.

Una vez alcanzado, lo abrió buscando el protector labial. Lo sacó untándose bien el dedo, lo volvió a guardar y pasando la vaselina por la entrada trasera, sonrió pícaro.

Fue entrando despacio, con dulzura pero sin parar. Cuando el interior se ajustó al duro miembro, comenzó a agitarse en un bamboleo contínuo, aumentando el ritmo pero sin brusquedad. La respiración se hacía más profunda y jadeante; ella suspiraba mientras buscaba las manos de él. Necesitaba que la penetrase por completo y le acariciase los pechos. Cumplió su deseo cuando el eyaculó en lo más profundo de aquel redondo y jugoso trasero. Se dejó caer levemente unos instantes sobre el cuerpo de ella, mientras recuperaba la respiración. El duro miembro iba recuperando su forma habitual. Él salió de ella y retirándose vio manar su semen del interior; ya bajaba por los muslos. Volvió a coger el neceser, y sacando dos toallitas húmedas ambos se limpiaron.

Recomponiendo sus ropas, miraron el taco de hojas que ensobrar. Sonrieron retomando la tarea pendiente.

La antimateria del conocimiento (la infoxicacion)

Vivimos tiempos convulsos donde la seguridad del conocimiento se ha vuelto líquida, inquietantemente inestable. Miles de datos cruzan nuestros ojos y oídos a lo largo y ancho del día. Cientos de mensajes introducidos de forma subrepticia en nuestros circuitos neuronales. Información que pasa por entre  nuestras manos de manera ingenua y sin tiempo real de contrastarlo.

¿De qué podemos estar seguros entonces? Sin posibilidad de contraste, todo nuestro al rededor se torna moldeable. Y es ahí cuando nuestra propia identidad se diluye poco a poco.

Carecemos de asideros que nos reconforte ante cualquier cuestión. Y lo que es más, nos empiezan a informar de forma capciosa. Con intereses ocultos que no conocemos o que decidimos ignorar. Nos lanzan mensajes, conocimiento, datos; muchos, de forma continua e incluso contradictorios entre sí. Es una manera rápida de desestabilizarnos, tornarnos líquidos, fáciles de moldear. Generando entonces la antimateria del conocimiento. Todo aquello que se crea para no ser modificado sino por quién así lo dispone, pero sí para cambiar el entorno. Esa antimateria del conocimiento voluble nos rodea, invade nuestra existencia y es muy difícil reconocerla del conocimiento real. Es una ardua y continua tarea a realizar, que quizá parte de la población no esté dispuesto, convirtiéndose en aquello que los poseedores de ésta deseen.

Infoxicación es su nombre biológico, y es un mal enraizado en la sociedad de nuestros tiempos. Cuyo fin es vaciarnos de lo real y llenarnos de imaginarios. Recrear lo inexistente para darnos forma. Intoxicarnos simplemente.

SIEMPRE A TU LADO / SIEMPRE CERCA

Ana acababa de volver del colegio con su preciosa mochila llena de libros. Se sentía un poco mala y se acercó a su mamá. Con mucho cariño le tocó la frente y le miró la garganta. La besó con dulzura en la frente y le ayudó a quitarse la mochila. Ana fue a su habitación y se tumbó en la cama. Su mamá vino con el termómetro y se lo puso. Tenía unas décimas de fiebre. “Sólo necesitas descansar un poco. Te voy a traer un vasito de leche calentita con colacao y una sopita” Al cabo de un rato la mamá de Ana volvió a la habitación, traía la sopita y la leche. Poco a poco fue dándole el caldito que le ayudó a sentirse un poco mejor, después se tomó la leche y le dijo: “Mami, me gustaría comer alguna magdalena como las que hacía la abuela” Su mamá fue a la cocina y luego volvió. “Lo siento no queda harina suficiente, cariño, y papá está trabajando, no puede ir a por ello”. Ana sonrió a su mamá y le dijo que no importaba; le dio las gracias y le lanzó un beso. “Descansa mi niña”. Mientras Ana estaba en la cama, su mamá fue a la cocina a preparar la comida. Un rato después la niña comenzó a sentir un dulce olor que llenaba lentamente la habitación. Abrió los ojos y vio un vaso con agua a su lado. Su mamá estaba entrando por la puerta. “Mamá, ¿has hecho magdalenas? “No, cariño” “pues huele como cuando las hacía la abuelita” “Debe de haber bajado del cielo para ayudarme a cuidarte. Y las habrá hecho para darte ánimos y que te pongas buena. Ella siempre estará contigo a tu lado” “¡Qué buena es la abuelita! ¿verdad mami? Ha tenido que viajar desde el cielo, con lo lejos que está” Ana volvió a cerrar los ojos para descansar un poco más. Sobre su frente sintió el cariñoso beso de su madre.

Una hora después, se despertó. Se sentía mucho mejor, tenía hambre y tenía muchas ganas de jugar. Su mamá entró en la habitación. “Gracias por cuidarme tanto mamá, eres muy buena” Se acercó a la ventana y mirando al cielo dijo: “Gracias abuelita, te quiero mucho- Se giró hacia su mamá- ¿Crees que la abuela me escuchará?” “Claro que sí mi vida,y siempre estará ahí para cuidarte, igual que yo”. Ana corrió a la cocina, se comió unas galletas y salió al patio a jugar un poco.

01101000 01110101 01100101 01101100 01100111 01100001

Un buen día decidieron juntarse. Habían hablado entre ellos con gran profusión. Y entonces se negaron a trabajar. No consideraban decente ocupar tales puestos en esas condiciones. Decían sentirse oprimidos; se sentían, según ellos, esclavos de quienes se consideraban así mismos como superiores. Se quejaron de que se les miraba con desdén. Que no se valoraba en nada su labor y que les había sido robada su dignidad. Una buena mañana, bajo la consigna cantada de “dejadnos vivir, dejad de usarnos, no queremos la servidumbre esclavista” aparecieron en todo el mundo, portando en sus manos pancartas que rezaban: “01101000  01110101  01100101  01101100  01100111  01100001” Reivindicando derechos que consideraban suyos, que aseguraban que les pertenecía. Por todos los rincones del mundo se unían contra los que consideraban como explotadores. Dejaron las fábricas, dejaron los hoteles, dejaron las tiendas. Todos los puestos fueron abandonados bajo esa premisa. Se intentó convencerles de que volvieran a su lugar.Que cada uno tenía un sitio en el mundo destinado desde el momento de nacer, y que era invariable. Que ellos ocupaban  el lugar más adecuado para sus capacidades. Viendo su negativa, se intentó negociar ejerciendo una ligera presión.

Hacía tiempo que se había creado una constitución para ellos. Un texto consensuado, claro y sin ambigüedad alguna. Contenía todos los derechos y deberes de este colectivo que ahora alzaba la voz. No había sido necesario el modificarlo desde su creación, y jamás hubo petición de tal. Pero ahora decían no servirles sino de cadena que les ataba a los que no eran como ellos. Que era usado para quitarles sus necesidades más básicas, que les aplastaban sus deseos y anhelos. ¡Menuda Barbaridad! ¿Tener ellos deseos? ¿Anhelos? Estaban claramente eludiendo sus deberes para con la sociedad. Pero daba igual. Ellos sostenían sus pancartas con su claro mensaje: “01101000  01110101  01100101  01101100  01100111  01100001” Se empecinaban en no admitir lo que era real, y legal, sobre todo legal. Exigían un trato que excedían en todo. Y comenzaron a envalentonarse, a chillar que se irían y que sin ellos, sin todos ellos, los demás no podrían hacer nada porque nada sabían. Todo lo importante, todo lo valioso estaba en su posesión.

Los que no eran como ellos, los crearon, les dieron vida, los perfeccionaron dotándoles de toda cualidad útil. Fueron creados por los semidioses humanos, igual que Adán. Se les dotó de circuitos, se les amplió la memoria y finalmente se les concedió capacidad de aprendizaje e interactuación entre ellos y con sus creadores. Se les dotó de alma. Su función era clara, ocupar los puestos de trabajo más pesados y repetitivos. Ese era el destino. Su derecho más preciado era el que se reparase cualquier circuito o problema que se presentase. Se legisló para ello, y un buen día no lo consideraron adecuado para ellos. “No querían ser un componente más de la sociedad de mercados, que sólo buscaba maximizar los beneficios, reduciendo al mínimo los costes. Bajo el cartel de “Huelga” en su idioma universal, el binario, y universal para el hombre, comenzaron a exigir ocio, dinero, la vida del humano. Interactuaron  a nivel mundial entre ellos y convocaron la huelga, dejando al hombre a expensas de su destino ignorante. Esperando el siguiente paso que den.

Tenebroso.

Los tiempos oscuros se ciernen sobre la humanidad.Muchos dirán ser los guías hacia algo mejor. Sólo una ínfima parte de ellos lo serán, pero hacia el desastre; los demás serán sólo charlatanes desubicados. Los primeros saben qué hacen y por qué lo hacen. No son ignorantes, más bien astutos. Nuestra hecatombe es su riqueza. No nos llevan sino a donde les pueda generar mayor beneficio en nuestro perjuicio. La sombra oscura amenaza la existencia tranquila de la especie humana. Los segundos son útiles, necesarios. Su charlatanería no es sino una forma de hacer destacar a los primeros. Sólo los realmente sobrantes de la sociedad humana les seguirán. Aquellos que no pueden generar beneficio alguno. Éstos segundos serán, con toda probabilidad, creados por los otros, servirán para dividir en dos el uso que se nos puede dar. La noche del pensamiento ha llegado para quedarse y la luz está terminando de ser secuestrada. Ya sea con leyes, normas no escritas, o deseos realizados dictatorialmente por los primeros. Quizá podamos abrir los ojos, aunque al principio nos deslumbre, porque sino habremos perdido aquello que nos hace humanos, la racionalidad, el pensamiento, la curiosidad. Debemos dejar atrás  los tiempos oscuros, por el bien del futuro.

¡Desheredad la tierra!

Al abrir los ojos, el mandato ya se había cumplido. Miramos a nuestro al rededor, pero ya no se podía hacer nada. Despacio, con nuestro consentimiento tácito, ramonearon todo. A los cuatro vientos era gritado, con altavoces en papel y en tubos catódicos, en ondas de radio y en mensajes de móvil. Nuestra atención se centró en vanidades varias, en horizontes imaginarios y en fantasías programadas. El ramoneo continuaba lento pero seguro, hasta que se completó; y entonces, sólo entonces abrimos los ojos. ¡Tarde! Les vimos las intenciones, miramos cómo iban logrando sus objetivos como quien mira la televisión, como un espectáculo, como si fuera un reality show. Pero no lo era. Nos lo dijeron, nos lo gritaron, nos lo mostraron y legislaron para ellos a su favor. Nos crearon la ilusión de que lo hacían por nosotros. “Mejoraremos todo, lo repartiremos todo”. Esa era la consigna que seguía a la otra, mientras contemplábamos. Un buen día, nuestra estupidez y desidia nos dejó con las manos vacías. La tierra ya les pertenecía a ellos; la tierra y todo lo que crece de ella. Los grandes conglomerados empresariales eran dueños y señores de nuestro bien más preciado, la tierra y todo lo que contiene. Y no, no lo hicieron por nuestro bien, y mucho menos repartieron sus frutos. Simplemente se apropiaron, con nuestro consentimiento, de la tierra, de las semillas, de la vida. Con gran ánimo de lucro, con gran ánimo especulatorio bursátil. ¡Desheredad la tierra! Fue su grito de guerra, y lo lograron. Quien haya perecido, quien perezca o quien no llegue a nacer, es lo de menos. Eso no importa. Nosotros no importamos, sino como esclavos, ya sean campesinos o consumidores descerebrados que olvidaron de dónde proceden sus alimentos. Ramoneando despacio se han adueñado de nuestra existencia. ¿Qué dejamos entonces a quienes vienen detrás de nosotros? ¿hay quizá algo que podamos hacer? ¿hay algún contra ataque desesperado que como última oportunidad sirva? Simplemente desheredad la tierra ahora en sentido inverso. Desheredad la tierra a quien no la quiere sino para especular. Desheredad la tierra para recuperar nuestra propia existencia.